last updated: march 21, 2006..

 

 

La heredad Todaro

La heredad Todaro
by El Moplo



La tradiciòn de todas las pasadas generaciones golpea como una pesadilla en los cerebros de los vivientes y propiamente cuando parece que ellos trabajen a transformar a si mismos y a las cosas, a crear lo que nunca ha existido, propio en tales épocas de crisis revolucionaria ellos evocan con angustia los espìritus del pasado para tomarlos a su servicio; les piden a préstamo sus nombres, sus ordenes de batalla, su indumentaria, para representar bajo este viejo y venerable travestimento y con estas frases prestadas, la nueva escena de la historia.
Karl Marx, El 18 Brumario de Luis Bonaparte

Antonio Todaro, como Balanchine, pensaba que la Danza fuese un fin en sì misma y que en sì misma encuentrase todas sus razones de ser. El gran Hacedor del Tango moderno, al par del gran Hacedor de la Danza moderna, con el movimiento no se proponìa de expresar otra cosa que el movimiento mismo; sin embargo, su visionaria concepciòn del pas de deux, la celebraciòn técnica de los fastos del cuerpo, los deslumbrantes precipitados de su imaginaciòn, llegaron a develar la poesia y la intima belleza del gesto humano màs que toda simulaciòn expresionista. Balanchine debiò liberarse de los vinculos de la Simbologìa del Ballet Clàsico, Todaro del sentimentalismo, que entre todas los perniciosos armatostes abulonados al tanguero es unanimemente el màs gringo. En el Tango verdadero, el alma debe fluir con discreciòn y, cuando se sufre, se sufre a escondidas. En este sentido, el tango de Todaro es paradojalmente liso, si bién sofisticadìsimo: de una pureza y de una nitidez tales de no ser disminuidas ni siquiera por la evidente complejidad de sus formas.
A traves de los pasos, las figuras y las secuencias definidas en cincuenta años de Taller, Todaro dotò de léxico, sintaxis y vocabulario esencial a la generaciòn màs revolucionaria de la historia del Tango bailado (aquella de Petroleo, Finito, Cacho Lavandina). Las jovenes generaciones en vez, màs pràcticas y mercantilistas, no se han dejado ilusionar por los malentendidos de la patrologìa, ni por las "lungas procesiones" del aprendizaje. Se han atribuido, esto sì, los titulos de sucesiòn de los Maestros y han indebidamente manoseado el cofre de la heredad. El resultado es que ahora los prodigiosos mecanismos mobiles Todarianos son rebajados en Corrientes como en Broadway, en ciertas "sparkling variations" exentes de escrùpolos ortogràficos, o en los euforicos nùmeros de atraciòn de la milonga que mucho sirven a impresionar a la gilada.
Hasta el momento en que ha sido custodiado por el cuerpo vivo y colectivo del baile, el primado de la Obra de Antonio Todaro no ha podido ser mancillado por los mamarrachos de sus presuntos exégetas; ni siquiera la exelencia de su magisterio ha podido ser abrogada por la incompetencia de sus exportadores. Ahora, en cambio, que la Musa de Asfalto del Tango no habita màs en la milonga, y que el estilo, sentido estético, elegancia e invenciòn han cesado de ser las materias obligatorias del Ateneo Nocturno, las fantasmagorias de Antonio se vuelven realidad màs asiduamente en las tablas de teatros y festivales de danza que en las desvirutadas pistas de los clubes de barrio: una mudanza preterintencional del naturalismo a la conciente ilusiòn que todavia no ha engrupido Tersicoris a cerrar la sucursal de Villa Urquiza.
Balanchine pensaba, mientras Todaro estaba seguro, que toda la Danza tendiese al pas de deux. En los territorios protegidos del Ballet, sus continuadores en los ùltimos años han elaborado un lenguaje a la altura de este cuerpo minimamente social. En los periféricos distritos del Tango en vez, para nada expuestos al riesgo de subvenciones estatales, los continuadores de Todaro propiamente de esa altura han partido. En los primeros, los cuerpos especializados, e indeclinables, de los bailarines contemporaneos son alentados por el coreografo a encontrarse en un abrazo a ellos extraños, y a expresarse, como en el caso de nuestro predilecto Forsythe, en el movimiento que deriva del debate entre un equilibrio forzadamente socializado y la Ley de gravedad. En los segundos, los cuerpos verdaderos y terrenos de los tangueros, en ventaja porque de la infelicidad y de la ausencia y del deseo son modelados, se completan en un abrazo que todo explica y revela. Por una parte, el renovable Estado del Arte, para no decir el Arte del Estado, de la danza de a dos; por la otra, la pareja milenaria que nos habla de la verdad de la vida. 
Gracias a Antonio Todaro esta verdad fué visible, tuvo finalmente gracia y elocuencia; hoy resuena con el formidable glamour de la antiretòrica en los espectàculos de la Nueva Compañia Tangueros de Mariachiara Michieli, la cual ha creado en pocos años un repertorio que por lo menos nos permite de discurrir, inclusive en el Tango, de coreografia y de composiciòn. Lo que no es por cierto poco.
La heredad de Todaro pues, si bién truchada y contrabandeada en la forma en que todos, enemigos incluidos, podìan aparentemente operar, escondìa en vez un intrumento a otros destinado, una lima en el pan del prisionero: sòlo quien la ha verdaderamente buscada, y por esto meritada, ha podido enfìn apropiarsela y usarla para la propia liberaciòn. 

El Moplo, Buenos Aires 2002

 

 

 



 

 

 

©opyleft nctangueros.com